Sábado, 16 de Diciembre del 2017,
Kultiba

Cultura, industria cultural y políticas culturales. Episodio 0.

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Llevo tiempo pensando cómo abordar un espacio dedicado a estos tres pilares y ayer Pilar Gonzalo, si ella saberlo, me ayudó a arrancar al enviarme un artículo escrito por ella para Interacció.  Casualmente, también ayer, leía el editorial de Eduard Miralles en el nuevo número de Cyberkaris, el boletín electrónico que mensualmente publica la Fundación Interarts. Así que, ni corto ni perezoso me dije ¿y porqué no empiezas ya a soltar lo que tienes dentro? Y aquí va el resultado, en un primer episodio de lo que espero sea una serie, más o menos larga, más o menos acertada.
Creo que estos tres términos, siendo diferentes, son absolutamente complementarios e in(ter)dependientes, pero son entendidos de manera equivocada. Incluso desde quienes “estamos” en este ámbito, sector, no sé muy bien cómo denominarlo.
Me refiero a 1) la cultura, 2) la industria cultural o industria cultural y creativa ICC -como se viene denominando actualmente-, 3) la política cultural.
En primer lugar está el propio concepto de cultura. Qué es y qué significa. Una cosa para cada persona, prácticamente.  Si tomamos como basé una acepción antropológica la cultura es información y conocimiento compartido.  Pero ¿qué ocurre cuando preguntas a la primera persona con la que te cruzas por la calle por lo que entiende por cultura? ¿Si le pides que te lo ejemplifiqué en algo concreto? Seguramente, la respuesta tenga que ver con alguna de las artes. Pero la ciudadanía tiene esta percepción porque de manera tradicional, se ha venido denominado cultura a los productos derivados de las industrias culturales. Es una visión muy parcial de la cultura, de un tipo de cultura y con una orientación basada en la oferta y muy poco en la demanda. Desde luego, el concepto cultura, no podemos simplificarlo, únicamente, en un bien de consumo -un producto enlatado diseñado para el consumo masivo-. Es mucho más, está presente contínuamente en nuestras vidas y no somos capaces de percibirlo -y mucho menos de apreciar sus valores, implicaciones e incidencia-.
En segundo lugar están las industrias culturales y/o creativas. Yo prefiero llamarlas empresas que industrias, sobre todo por la tipología de organizaciones que trabajan en el sector (más de un 80% son microempresas). Además creo que hay una diferencia entre empresas culturales y empresas creativas. Las empresas culturales, son las que trabajan en el ámbito de las artes o dan servicio a éstas. Las creativas son un conjunto de empresas ligadas a la creatividad, a la innovación y a las TIC que han ido surgiendo a medida que la tecnología ha ido tomando pesó específico en la sociedad. Creo que son sectores complementarios, que unas se alimentan de las otras y que ambas tienen potencialidad para “exportar” conocimiento y valor a otros sectores de actividad económica. Escribimos un post en relación a esto en el blog http://kultiba.org/2014/10/el-valor-de-lo-intangible/
Sin embargo, quienes formamos parte del “entramado cultural del país”, no podemos simplemente conformarnos con aportar un porcentaje al PIB o con generar unos cuantos de miles de empleos, la mayoría de ellos precarios en cuanto a condiciones salariales y de jornada laboral. Debemos trabajar para que se visibilicen y se tomen muy en serio las “bondades” de los diferentes resultados de nuestra labor profesional (da igual si son servicios culturales y creativos, productos de pequeño, mediano o gran formato, …) en quienes disfrutan de los mismos. Y quien disfruta es la ciudadanía. Pero si no lo ponemos en valor y no lo comunicamos, la ciudadanía no lo percibirá. Los valores culturales son infinitamente más amplios y más simples que los que resultan de los bienes culturales producidos por empresas culturales y creativas. Es importante trabajar en los diferentes retornos de la cultura, más allá de los impactos directos, indirectos e inducidos en la economía. Me refiero a lo que la cultura revierte a la sociedad en forma de mejora en la calidad de vida, en cuanto a cohesión social, tolerancia, solidaridad, nivel medio de educación, etc.  Parece ser, además, que existe un marco normativo europeo favorable para que este tipo de sectores se desarrollen en el período inmediatamente futuro, como son Europa Creativa 2014-2020 y Horizon 2020.
En tercer lugar están las políticas culturales. ¿Sólo son políticas culturales las que establecen las instituciones públicas? Creo que no pero me voy a centrar únicamente en ellas.  Creo que desde el poder político se considera muy pobremente a la cultura. ¿Las instituciones públicas deben, únicamente, garantizar y facilitar el acceso a la cultura de la mayor parte de la ciudadanía y subvencionar a organizaciones culturales para el desarrollo de su labor como única fuente de financiación? Yo creo que no pero es lo que ocurre en este país en política cultural. Por un lado se entiende la cultura como un bien de consumo y como tal se generan productos y servicios -apoyando mediante subvenciones competitivas a empresas culturales para que generen contenidos- y se crean infraestructuras para poder difundir los productos subvencionados. Si fuese así siempre, tendría una lógica, puesto que la inversión cierra de alguna manera la cadena de valor al retornar (en formato de difusión) a la ciudadanía. Pero ¿que ocurre con todo aquello que es cultura y que no es producto cultural? ¿No es acaso labor de lo público generar dinámicas que fomenten valores culturales y que no sean directamente “suministrados” en forma de producto de consumo? Creo que en este sentido la mediación cultural juega un papel fundamental generando procesos, en lugar de productos,  de interacción, comunicación, transferencia, etc. Entre personas y colectivos. Y es perfectamente viable y compatible generar economía de estos procesos. Creo que las políticas culturales tienen que abrir el abanico de actuación, en cuanto a ámbitos de impacto e incidencia, en cuanto a beneficiarios y en cuanto a valores que promueve y responder a la pregunta de qué sociedad queremos construir. A la vez, creo que no sólamente se deben plantear políticas de financiación pública de la cultura a través de subvenciones. Creo que es necesario el apoyo institucional pero buscando, a medio plazo, que las iniciativas empresariales sean viables y sostenibles por sí mismas. La cultura tiene incidencia e impacto en ámbitos muy distintos de la sociedad -educación, emprendizaje, empresa, artes, economía, innovación, conocimiento, cohesión social, urbanismo, arquitectura, etc.- y sin embargo se gobierna desde las instituciones públicas con recursos muy escasos. Creo que son muy factibles programas de apoyo desde otros ámbitos institucionales -industria y educación quizás sean los más obvios-, pero podríamos pensar también en promoción económica, desarrollo local o urbanismo y arquitectura.  Creo, en este sentido que existe actualmente una oportunidad de la mano de la Agenda 21 de la cultura de ir proponiendo nuevas formas de generar políticas favorables a la cultura, o dicho de otra forma políticas culturales desde organismos no culturales ya que en breve se presentarán los nuevos objetivos de la misma. Concretamente será en Bilbao en marzo de 2015.
Finalmente, creo que una transformación de todo este entramado es posible, desde un ámbito micro. Creo que al contrario de políticas y actuaciones majestuosas y faraónicas, hay que ser coherentes y humildes y comenzar desde la base, desde lo cercano y desde lo pequeño. De manera gradual, pero distribuida, de forma que se pueda trabajar en muchos pequeños sitios a la vez y el crecimiento sea controlado pero no por ello lento. Es fácil escribirlo y complicado desarrollarlo pero hay una única clave para ello. La voluntad, también la política, me refiero a la voluntad política. Y humildad. Hay mucho trabajo por hacer, mucha gente para trabajar y hay trabajo para tod*s, aunque actualmente el panorama sea muy oscuro.
Olvidémonos de viejos demonios de que un*s nos robamos trabajo a otr*s. Es un tiempo nuevo y sólo podemos afrontarlo de una manera nueva. Es tiempo de cambios culturales.
La imagen es de Kamal Zharif Kamaludin en https://flic.kr/p/7t1vYH
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Sobre el autor

aitzol batiz

enREDando... ;-)

2 Comentarios

  1. mariano barona 2014/12/03 at 09:03

    Interesante comentario.

    Estoy de acuerdo en el problema de la polisemia del término cultura y las conusiones que crea. Escribí un artículo al respecto http://sentadoenlavereda.blogspot.com.es/2013/04/que-queremos-decir-al-decir-cultura-o.html
    Me interesa sobre todo la reflexión sobre las políticas culturales dirigidas a incentivar los procesos. Es un proceso que está ocurriendo pero es menos visible, y seguramente menos masivo, al menos en sus estadíos iniciales. estoy escribiendo un post al respecto de una experiencia de la que participo en Zaragoza. Reafirmo la idea. Es un tema sobre el que debemos profundizar.

  2. José Luis 2017/11/14 at 17:00

    Habida cuenta que en Europa están apostando por la cultura como elemento para la competitividad a través de la creatividad, industrias creativas y culturales, el tema va a traer cola…
    Me permito compartir los principales datos del Top de Mercados de industrias culturales:
    http://promocionmusical.es/top-mercados-medios-entretenimiento-nivel-global/
    Saludos

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