Martes, 21 de Noviembre del 2017,
Kultiba

¡Que no pare la música!

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Ya lo decía Crowsleiff “la música ya no resuena en mi interior”

Siempre me ha gustado la música. Como a todo el mundo. He asistido a muchos conciertos, he comprado muchos discos, más en la época del vinilo que en la del CD, eso es verdad. Durante toda mi adolescencia y la parte de la vida que le sigue (que por cierto no sé cómo se llama) escuchar música tenía un eco inmediato en mi interior. Principalmente fuerza, energía o incluso rabia pero también melancolía, tristeza, algo de autocompasión y muchas otras emociones. En definitiva, una conexión directa entre lo que decía la canción y el estado de ánimo que me generaba. Admiraba la capacidad del músico de hablarme en idiomas que no conocía, de hacer que su guitarra, su batería, su saxo, su trombón de varas expliquen mejor que ninguna palabra mía lo que me quemaba por dentro.

Pero con los años se va dando una transformación, la música ya no “resuena” en mi interior. O lo hace con mucha menos fuerza. Esto no significa que no la disfrute pero, desde luego, lo hago en menor medida y en consecuencia ya no la busco, no construyo momentos para sumergirme, para entregarme a ella. Ya apenas consumo, parece que lo esté dejando. Bueno sí, la escucho en la radio, en el coche… Como algo secundario, casi de acompañamiento. Voy algún concierto y lo disfruto pero no flipo.

Y creo que no soy ningún extraterrestre, según avanzamos en edad parece que dejamos de sentir con tanta intensidad. Y si la música (y por extensión la cultura) tiene una estrecha relación con las emociones, con sentir, arduo trabajo tenemos los que defendemos el lugar principal de la cultura en nuestras vidas. Porque si las emociones no emocionan, a base de esfuerzo mental, de justificación cognitiva, difícilmente conseguiremos la priorización que el ámbito cultural necesita o, por lo menos, la disminución del desmerecimiento actual.

Este tipo de pensamientos me lleva a concluir que los que nos dedicamos a esto, no los artistas si no los otros, los gestores, consultores, depredadores, etc. El único trabajo digno que podemos hacer es generar el caldo de cultivo, el contexto, donde los artistas de las diferentes disciplinas puedan generar el mecanismo resonador en el interior de los individuos.

Y si se trata de generar contextos donde la rabia, la tristeza y la auto-compasión florezcan, entre Montoro y Wert lo están haciendo genial.

La imagen es de Carlos Bryant en https://flic.kr/p/7Tfn2r

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