Miércoles, 20 de Septiembre del 2017,
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DESCULTURIZAR LA CULTURA [*]

aitzol batiz 2014/07/10 Cultura y (su)gestión 1 Comment
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Ayer me llegó un artículo de Víctor Vich titulado “Desculturizar la cultura. Retos actuales de las políticas culturales”. En él se habla del papel que juegan la cultura y las políticas culturales en la sociedad actual y se reflexiona sobre el que deberían jugar.

Es de absoluto sentido común lo que el autor va argumentando y, aunque, algunas de las cuestiones las va contextualizando en su entorno cercano [Perú] la lógica de su discurso es extrapolable a cualquier lugar.

He extractado algunos fragmentos del texto a modo de aperitivo previo a la lectura del artículo completo al que podéis acceder si pincháis sobre el título del artículo.

[...] Este ensayo, heredero de una tradición latinoamericana de propuestas al respecto, insiste en la necesidad de posicionar la cultura lejos de los debates estrictamente culturales o culturalistas para involucrarla como un agente clave en el cambio social. Se trata de promover la articulación entre cultura, democracia y ciudadanía a fin de que las políticas culturales puedan convertirse en dispositivos centrales para la transformación de las relaciones sociales existentes.

Tal proyecto pasa por cuestionar a todas aquellas teorías que continúan definiendo a la cultura como un campo independiente y autónomo en el devenir social. [...]

[...]  Por eso hay que insistir que una definición más certera de la cultura es aquella que proviene de la antropología contemporánea y que afirma que se trata del dispositivo socializador a partir del cual los seres humamos nos constituimos como tales, vale decir, la cultura es aquel agente que establece y regula la forma en la que se practican las relaciones sociales. [...]

[...] la cultura debe concebirse como un dispositivo que contribuye a producir la realidad y que funciona como un soporte de la misma. [...]

[...] Desde esta perspectiva, las políticas culturales deben proponer su propia acción pública optando por posicionarse en debates mucho más amplios que aquellos estrictamente definidos por el desarrollo profesional (y académico) del campo en cuestión. [...]

[...] Por desculturalizar la cultura, hago entonces referencia a una larga estrategia de pensamiento y acción que viene siendo promovida en América Latina desde hace décadas y que debería consistir al menos en dos proposiciones: posicionar a la cultura como un agente de transformación social y revelar las dimensiones culturales de fenómenos aparentemente no culturales. [...]

[...] Se trata, en última instancia, de desafiar a todas aquellas políticas culturales que, bajo el supuesto de que la cultura es algo puro y autónomo, continúan entendiendo su labor como una simple gestión de espectáculos con muy pocos riesgos políticos. [...]

[...] hoy en muchos de nuestros países observamos que se generan grandes proyectos de inversión pública en las distintas esferas (en seguridad, en minería, en transporte, por ejemplo), pero no existen iniciativas para reformular nuestra ideas sobre la justicia social, combatir el racismo, o la masculinidad, por citar sólo los temas clásicos.  En suma, siguen sin existir proyectos públicos para promover nuevos modelos de identidad bajo nuevos ideales comunitarios. [...]

[...] Una política cultural verdaderamente democrática debe proponerse abrir espacios para que las identidades excluidas accedan al poder de representarse a sí mismas y de signifi car su propia condición política participando como verdaderos actores en la esfera pública. [...]

[...] Entonces, no podemos pensar la cultura y, menos aún, proponer nuevas políticas culturales sin pensar en las lógicas del poder. Y ya sabemos que lo primero que el poder genera es un conjunto de verdades que se van afianzando en el saber común y en los habitus cotidianos. [...]

[...] Por eso mismo, las políticas culturales deben tener como primer objetivo posicionar a la cultura como una dimensión transversal de todas las políticas de gobierno pues aquellos proyectos de desarrollo que no estén acompañados del intento por producir una transformación en los imaginarios sociales tendrán siempre un impacto muy limitado. En ese sentido, construir un proyecto de política cultural implica la voluntad de trabajar no solamente con el sector cultural, sino de generar articulaciones con todo tipo de actores sociales. Me refiero a los otros ministerios, a diversas instituciones del Estado, a las organizaciones no gubernamentales, a los movimientos sociales, a los colectivos ciudadanos, a las organizaciones políticas y a la propia academia, por supuesto. Un proyecto exitoso de política cultural es aquel que ha podido articular en su trabajo a actores diversos y aquel que entiende a la cultura como la generación de un proceso y no sólo de un evento.

Es decir, se trata, sobre todo, de concebir el accionar de las políticas culturales como un conjunto de intervenciones y procesos sociales que trasciendan la simple suma de espectáculos. Con excepción de muy pocas iniciativas, la mayoría de los proyectos existentes se limitan a realizar un conjunto de actividades desconectadas entre sí donde muchas veces no se entiende cuál es la lógica o el interés que las subyace. Por el contrario, las políticas culturales deben tener claro dónde intervenir, por qué hacerlo y cuáles son los objetivos por lograr. [...]

[...] Nuevamente, podemos entender entonces a la cultura como una dimensión transversal a la sociedad cuya importancia atraviesa múltiples sectores. Desde aquí, el objetivo de las políticas culturales también consiste en revelar las dimensiones culturales de lo que aparentemente se presenta como no cultural. La cultura, en efecto, se encuentra involucrada en distintos tipos de problemáticas que no son exclusivas de su sector. [...]

[...] Podríamos, inclusive, ser más radicales aún: no puede existir una política cultural relevante si ella no participa en las decisiones sobre las políticas económicas que, en última instancia, son las que tienen el impacto central en la configuración de la sociedad y en las subjetividades afines a ella. Toda política económica nunca es, en efecto, algo simplemente económico. Las medidas económicas producen subjetividades acordes a sus propios intereses pues llevan implícito un ideal de la vida en sociedad y una definición sobre el individuo que siempre se puede cuestionar. [...]

[...] Todo ello conduce hacia un punto adicional y muy importante: las políticas culturales deben tener como estrategia fundamental dar la batalla por los espacios públicos son los agentes destinados a introducir algo nuevo en la sociedad. De hecho, los espacios públicos (en los que incluyo a la web y a las redes sociales, por supuesto) son, por excelencia, los lugares democratizadores de la cultura y resulta urgente defenderlos e incrementarlos. Frente al monopolio de los medios de comunicación, los espacios públicos son lugares indispensables para proponer nuevos mensajes. Dar la batalla por ellos implica asumirlos como puntos de encuentro de una ciudadanía nueva en la que se quiere participar. [...]

[...] La propuesta por desculturalizar la cultura implica entonces arrancar la cultura de su supuesta autonomía y utilizarla como recurso para intervenir en el cambio social. Las políticas culturales actuales deben posicionarse, sobre todo, como agentes críticos del tiempo de la modernidad que Walter Benjamin figuró como el de una mecha encendida. En su opinión, el progreso, liderado solamente por la pura acumulación de capital, no se dirige al desarrollo sino más bien hacia la destrucción del mundo. Benjamin sostenía: “Es preciso cortar la mecha ardiente antes de que la chispa alcance la dinamita” ([1955] 1987, 64). [...]

Como podéis apreciar en este sitio, además de poder escribir y reflexionar sobre cuestiones que nos sobrevuelan la cabeza también pretendemos “traer cosas” que nos llaman la atención, que nos gustan , con la que nos sentimos identificados o que nos sirven para seguir trabajando.

photo credit: VinothChandar via photopin cc

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Sobre el autor

aitzol batiz

enREDando... ;-)

1 Comentario

  1. Txetxu 2014/07/10 at 16:22

    A mí el artículo y algunas otras referencias también me han generado alguna reflexión que la podéis ver aquí: http://kcy.me/17qo2

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