Domingo, 19 de Enero del 2020,
Kultiba

Emocionante trabajo

Vino a decir el santo Goleman en su evangelio “la inteligencia emocional” algo así como que las emociones son los restos de un recurso necesario para la supervivencia de nuestra especie que se mantiene en nuestro cerebro reptiliano (la amígdala creo recordar), y que la correcta gestión de esos impulsos, que llegan incluso a raptar al intelecto, es tan importante o más que la formación y el uso de una inteligencia únicamente analítica.

Sin llegar a esa claridad de visión (y admitiendo otras muchas lecturas) ni a la de posteriores revisiones de otros autores que han concluido en toda una señora teoría sobre el funcionamiento humano, en nuestras reuniones de trabajo muchas veces hemos resumido esa idea en algo así como “las personas no pensamos”. Me explico.

Creo que en todas nuestras acciones y/o pensamientos, ante cualquier frase que escuchamos, primero sentimos el entorno, el contexto, la persona que emite la frase, el tono, la proximidad física, las posturas, etc. y todo ello nos forma un sentimiento interior. Luego, nuestro intelecto (el neocortex creo que diría nuestro Goleman) procesa una reacción mental adecuada que justifique ese sentimiento. Por ejemplo, si nos sentimos agredidos, no valoraremos el argumento que nos ofrecen, simplemente reflexionaremos frenéticamente sin apenas escuchar para desbancar al contrario del podio de la razón.

De ser esto cierto, dejaría a las personas supuestamente inteligentes, convertidas en algo así como personas capaces de argumentar con velocidad para defender sus sentimientos e, incluso, imponerlos.

Cuento todo esto porque últimamente he podido compartir con diferentes profesionales cómo, a pesar de todo el papel oficial que firmamos, de toda la argumentación técnica y administrativa en la que envolvemos nuestras decisiones laborales, resulta ser el condicionante humano, esa décima de segundo en la que sentimos antes de pensar, ese poso que la relación personal deja en nuestro interior el que condiciona la manera de llevar adelante el trabajo. Desde contratar un nuevo trabajador, enfrentar la siguiente fase del proyecto con un técnico o con un político o hasta firmar una certificación de obra.

Al final parece que las personas nos comportamos casi como si fuéramos humanos. Y yo me alegro.

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Sobre el autor

aitzol batiz

enREDando... ;-)

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